Desde pequeño mi percepción de la vida apuntaba a un solo objetivo, el constante movimiento y el transporte en uno de estos carruajes autónomos. Finalmente, luego de largos años devorando kilómetros a pie, en mi fiel bicicleta, en micros y buses, soportando a los choferes con su característica "amabilidad", y en otros medios de transporte alternativos, finalmente llegó la posibilidad de controlar mi desplazamiento...
Luego de mucho presupuestar mis ingresos contra los egresos que se generarían, cotizar diversas posibilidades de vehículos, y negociar tasas de interés muy convenientes, logré el equilibrio perfecto, entre un banco que presta, un automóvil conveniente y un asequible precio por el mismo. Así llegó el pequeño y famoso Suzuki All Terrain Alto, apodado como "Lauchón",

pero finalmente convencido por que el autito no tenía problemas de primera instancia, a pesar de buscar por todos lados la quinta pata al gato,hice en la misma automotriz un deposito en línea como pie para afirmar la compra. De no haber sido asi, el auto habría terminado en quien sabe que descuidadas manos, haciendo que triquiñuelas por ahí. Con esto, ya tenía enganchado el
auto a mi haber, lo que aseguraba que no lo venderían y me bastaba con acercarme con el valevista por su valor para tomar y llevármelo.
Ahora venía la otra parte de la compra, el volver con la cantidad a Santiago a buscar el auto...
1 comentario:
Esta suepr buena la historia, super graciosa y las historias enstán "GENIALES!!!!"
jajajaja
Más más!!!!
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